30 de abril de 2017

El verdadero coste del bienestarismo



En el blog animalista El Caballo de Nietzsche se publicó recientemente un artículo titulado «El verdadero (y espantoso) coste de la ganadería industrial» redactado por Ruth Toledano, y en el cual se reseña un libro escrito por Philip Lymbery, vicepresidente de una asociación llamada Compassion In World Farming; una asociación que defiende que "una ganadería diferente y mejor es posible." El artículo de Toledano es nada más que una constante alabanza y promoción de dicho libro, y sin apenas un atisbo de crítica por ninguna parte, hasta que llegamos al final del artículo en el que afirma que:
"Desde una perspectiva antiespecista, estas medidas no son suficientes, pues perpetúan la consideración de los animales como recursos al servicio humano. Pero lo cierto es que evitarían mucho sufrimiento a muchos individuos en el camino de la abolición de la explotación especista. Si, además, el negocio deja de ser rentable para los productores de carne, si los beneficios no son tan elevados a causa de la obligación de implantar ciertas medidas, muchos productores abandonarán y muchos serán los millones de animales que, en mayor o menor medida, se verán beneficiados. Por eso los ganaderos son los principales enemigos del bienestarismo. Merece la pena pensar en ello."
¿No resulta sorprendente que alguien que diga adoptar "una perspectiva antiespecista" que rechaza "la consideración de los animales como recursos al servicio humano" alabe y promueve un libro que defiende explícitamente el especismo y la explotación de los animales?

Hasta cierto punto, pareciera que la autora atisba que habría cierta incoherencia en este punto. Para intentar justificar su postura alega tres argumentos: [1] el bienestarismo reduce el sufrimiento, [2] el bienestarismo destruye la industria de explotación animal, [3] el bienestarismo favorece que la gente deje de consumir animales.

Como veremos a continuación, no contamos con ninguna prueba objetiva que sostenga esos argumentos, mientras que al mismo tiempo aparecen evidencias que los rebaten.

En primer lugar; Toledano no aporta evidencia que pueda explicar de qué manera esta reforma bienestarista "evitaría mucho sufrimiento a muchos individuos". Aunque el mundo decidiera seguir las directrices expuestas en el libro de Lymbery —y se retornara a un modelo ganadero extensivo— esto no equivale a que disminuya el número de animales explotados para alimentos y sólo supondría, en el mejor de los casos, un cierto descenso en el número de mamíferos y aves esclavizados en granjas. Pero esto no se aplicaría para otros animales como los peces e insectos, que también son utilizados y matados para comida.

Sin embargo, es importante señalar que aunque cambiando el modelo ganadero se redujera el número de animales expxlotados, la idea de "reducir el sufrimiento" no es un criterio moral ni sirve para justificar la violación de los derechos de los individuos. Los animales poseen un valor inherente que no se debe vulnerar por razones instrumentales. Promover que los animales sean utilizados de cierta manera porque supuestamente así "sufren menos" sería análogo a promover que las mujeres fueran violadas de cierta manera porque de esta manera concreta "sufrirían menos" que siendo violadas en otra forma. Desde una perspectiva moral, no hay ninguna razón que justifique utilizar a otros individuos sin su consentimiento y vulnerando sus intereses básicos. Tampoco la hay obviamente para apoyar medidas que consistan en utilizarlos y vulnerar sus intereses.

Si alguien promoviera una campaña a favor de que se violara a las mujeres usando cloforormo con la excusa de que esta medida "reduce el sufrimiento" entenderíamos que se trata de una campaña inmoral que viola los derechos de las mujeres. Sin embargo, cuando el mismo tipo de iniciativa se pretende aplicar sobre los animales no humanos entonces los animalistas lo consideran aceptable alegando que esto supuestamente "reduce el sufrimiento". Se trata de un evidente caso de especismo: no se aplica la misma consideración moral a los otros animales por el solo hecho de que no sean humanos. Estoy seguro de que Toledano nunca apoyaría aquella iniciativa sobre las mujeres, pero sí lo hace cuando se trata de otros animales, a pesar de que se califica de "antiespecista". Diría que algo no cuadra aquí.

Es decir, la autora afirmar adoptar una "perspectiva antiespecista" al mismo tiempo que asume un criterio claramente especista. Trata a los animales no humanos bajo un criterio moral que nunca aceptaría aplicar a los seres humanos. ¿Acaso Toledano apoyaría una iniciativa para violar a las mujeres de forma "humanitaria"? Las mujeres son discriminadas y agredidas diariamente por el patriarcado; al igual que los no-humanos son discriminados y agredidos por el antropocentrismo. La única diferencia es la especie.

En segundo lugar, ¿qué veracidad contiene la afirmación de que las medidas bienestaristas perjudican a la industria de explotación animal y que "los ganaderos son enemigos del bienestarismo" tal y como afirma Ruth Toledano?

Si consultamos en qué consiste realmente comprobaremos que el "bienestar animal" es una creación de la propia industria que explota animales con el fin de favorecer la existencia y desarrollo de su actividad. Así es como lo explican todos los expertos profesionales en el tema:
«El bienestar animal se entiende como el factor más importante para que los animales alcancen el mejor estado de salud posible y es esencial para que manifiesten en forma racional un máximo beneficio económico. Los momentos críticos a tener en cuenta son el manejo del animal a campo, su transporte del campo al frigorífico y su manejo en el momento de la faena. Algunos de estos momentos dependen del productor y otros de terceros. Un buen manejo en todos estos puntos se traduce en un beneficio económico. En cambio un mal manejo en cualquiera de estos eslabones de la cadena provoca un impacto económico negativo en los cortes carniceros ya sea por su menor valor o por su descarte.»
Por ejemplo, según la veterinaria Blanca Heras Mateo, "la normativa de bienestar animal aporta importantes beneficios a los ganaderos":
«La puesta en marcha de medidas de bienestar animal en las explotaciones conlleva numerosas ventajas, no solo para el animal, sino también para el ganadero. No se pueden ver a corto plazo pero está demostrado mediante estudios científicos que mejoran la productividad y la calidad de los productos. Además, en los animales mejora su resistencia a las enfermedades», asegura la experta. Todo ello se debe a que tienen más espacio y libertad de movimientos, mejor ventilación... Además, los animales se juntan en grupos o manadas como si estuvieran en su hábitat natural, con zonas de alimentación, de descanso, con objetos de juego o entretenimiento...»
Esto es, las medidas de "bienestar animal" sirven para mejorar la calidad y eficiencia económica de la industria de explotación animal; así como para aliviar la conciencia moral de sus consumidores, evitando así que se inclinen por dejar de consumir animales. Esto significa que apoyando el "bienestar animal" favorecemos que los animales sigan siendo considerados recursos económicos y que sigan siendo explotados.

Todas las fuentes oficiales que he consultado al respecto exponen exactamente lo contrario de lo que se afirma en el artículo de Ruth Toledano. Esto es, el "bienestar animal" favorece la continuación de la explotación de los animales. Todas las asociaciones profesionales que apoyan la explotación animal así lo argumentan, sin excepción. ¿Podría alguien quizás explicarme de dónde se sacó Toledano que el "bienestar animal" perjudica a la ganadería?

Ni siquiera Lymbery defiende en su libro que él pretenda acabar con la industria que utiliza a los animales de comida. Lymbery defiende explícitamente que usemos a los animales para servirnos de comida y lo único que critica es la industrialización actual de la ganadería.

En el artículo de Ruth Toledano se argumenta que las medidas de "bienestar animal" perjudican a la industria de explotación animal y que la conducen a su extinción. Pero los hechos nos muestran justamente lo contrario. Gracias a estas medidas, la explotación animal industrializada mejora la calidad de sus productos y la eficiencia económica de su producción, por ejemplo, evitando los accidentes labores y las pérdidas económicas que se derivan de un manejo deficiente de los animales esclavizados. A poco que investiguemos nos daremos cuenta de que la realidad es todo lo opuesto a lo que afirma Toledano.

No tenemos pruebas objetivas que demuestren que esas medidas reduzcan significativamente el sufrimiento de los animales explotados. En cambio, sí parece que al promover el bienestarismo lo que favorecemos en realidad es que aumente el sufrimiento porque apoyamos que la explotación de los animales continúe, y se refuerce, en lugar de detenerse.

Una de dos: o la autora ha cometido la negligencia de no haberse informado sobre en qué consiste realmente el "bienestar animal", acudiendo a las fuentes pertinentes, o nos está pretendiendo engañar. En principio, no veo más opciones.

Después de "reducir el sufrimiento" y de "perjudicar a la industria", el último argumento señala que las reforma bienestaristas fomentan la conciencia moral y motivan a que la gente abandone progresivamente el consumo de animales. No obstante, los estudios realizados al respecto no indican nada parecido.

Según ciertas encuestas, la mayoría de la gente que deja de comer animales regresa al consumo de animales al poco tiempo. ¿Por qué sucede esto? Parece ser que los primeros motivos para abandonar el consumo de animales suelen ser la preocupación por la salud y también por las condiciones en que son explotados los animales. El problema es que la gente se acaba dando cuenta de que uno puede estar sano consumiendo productos de origen animal —como así lo explica la nutricionista Ginny Messina— y asimismo creen que las condiciones en que los animales son explotados se pueden reformar para "mejorar su bienestar", que es precisamente lo que defiende el libro que alaba Ruth Toledano. Si creemos que el problema moral no es el uso de animales en sí mismo sino que sólo lo es las condiciones en que los animales son utilizados entonces lo que habría que hacer es reformar estas condiciones pero no dejar de utilizar a los animales.

El bienestarismo no parece ser efectivo desde el punto de vista práctico para conseguir que la gente deje de consumir animales; ni tampoco lo pretende. Aparte de de que en muchos casos, la gente que abandona el consumo de carne sigue consumiendo peces —que la mayoría no considera "carne"—, lácteos, huevos y miel. Dejar de consumir carne pero seguir consumiendo peces, así como lácteos, huevos o miel en su lugar, no hace ninguna diferencia para los animales. El enfoque vegetariano es un error. Todos los usos de animales son igualmente innecesarios y moralmente injustificables. No hay ninguna razón para privilegiar de alguna manera el consumo de carne.

En conclusión, no veo que ninguno de los argumentos esgrimidos para defender el bienestarismo se puedan considerar válidos: [1] el bienestarismo no reduce el sufrimiento que provoca la explotación animal, [2] el bienestarismo no perjudica a la industria de explotación animal y [3] el bienestarismo no consigue que la gente abandone el hábito de consumir animales.

Ruth Toledano termina su artículo de esta forma:
«En cualquier caso, La carne que comemos es un libro que resulta de gran interés a quienes hemos llegado a un veganismo ético, por cuanto aporta muy valiosos datos. Pero, sobre todo, es un libro para todas aquellas personas que siguen consumiento carne, embutidos, huevos o productos lácteos sin tener toda la información necesaria para saber qué están comiendo, de dónde procede, qué rastro ha dejado en su proceso y qué efectos tiene en su salud. Lymbery les ofrece toda esa información. Y, con ella, la posibilidad también de ser más compasivos.»
Bien, yo no creo que la autora haya llegado al "veganismo ético" dado que lo que defiende se opone radicalmente a la ética del veganismo. El veganismo es un principio ético que rechaza la explotación de los animales. No comprendo qué se supone que Ruth Toledano entiende por "veganismo ético", pero si por veganismo entendemos el rechazo moral a la explotación animal entonces resulta que Toledano defiende en su texto que los animales sean explotados de forma "humanitaria". Defiende todo lo opuesto a la posición vegana acerca de los animales. ¿Cómo se explica esto? Una explicación sería que Toledano adopta una posición que en filosofía moral se conoce como consecuencialismo. Esto es, el rechazo al uso de animales no lo considera un principio sino un objetivo. Para llegar a ese objetivo se considera que cualquier medio pudiera ser válido, siempre que sea empleado con vistas a conseguir dicho objetivo. El consecuencialista cree que "el fin justifica los medios".

Aun si nos atenemos sólo a los efectos prácticos, la posición bienestarista no está ayudando a que los intereses de los animales sean respetados y está perjudicando gravemente a la difusión del veganismo. Como acabamos de ver, la reforma del "bienestar animal" es una ayuda para la continuación de la explotación animal y nada nos indica que de alguna manera pudiera servir para terminar con el uso de animales.

El veganismo defiende que dejemos de pensar en los animales como objetos y recursos para nuestro beneficio
. En cambio, el bienestarismo mantiene la visión de los animales como cosas que "sufren y disfrutan" —que lo único que importa es el dolor y el placer— y que ellos no tienen derechos inalienables que debemos respetar en cualquier caso; comenzando por el derecho fundamental a no ser propiedad. Uno no puede asumir ni defender las dos posturas al mismo tiempo.

Los defensores de la explotación animal pueden cuestionar si los animales son "maltratados" o "torturados"; pero lo que no pueden cuestionar es que los animales son utilizados. Aparte del hecho de que no sean humanos, tampoco se podría cuestionar que los animales son esclavizados, es decir, tratados como propiedad. Y ésta es precisamente la cuestión principal de fondo. Los grupos bienestaristas siguen promoviendo la idea de que el problema no es el uso de animales sino que sólo está en la forma y las condiciones en que los utilizamos. Yo deduzco que a Toledano sólo le importa el sufrimiento pero no asume como principio moral que los animales son individuos con derechos inherentes. Por mucho que se autodenomine "antiespecista", su posición es especista.

El efecto del bienestarismo provoca es el de conseguir que la gente se muestre más reacia a escuchar el mensaje del veganismo. El bienestarismo promueve que no debemos dejar de explotar animales sino que sólo hay que reducir su sufrimiento o reformar las condiciones de explotación. !Los propios "defensores de los animales" avalan esta postura! El artículo de Toledano alimenta la idea de que está bien explotar animales siempre que "reduzcamos su sufrimiento".

En conclusión, el panfleto de Ruth Toledano no es más que otro enésimo caso en el que los animalistas promueven que los animales sean explotados y que lo sean además en una manera en que la gente se sienta con la conciencia tranquila al consumirlos porque de esa manera supuestamente se "reduce el sufrimiento".

Toledano dice adscribirse al "veganismo ético" mientras que al mismo tiempo lo que promueve en realidad es el bienestarismo y la explotación de los animales. Pienso que debería replantearse profundamente cuáles son sus verdades convicciones, porque todo lo que ha argumentado en su texto contradice de manera flagrante el ideal ético del veganismo. A pesar de que dice que está en contra de la consideración de los animales como recursos, ella está utilizando a los animales como recursos para "reducir el sufrimiento", en lugar de defender que ellos tienen un derecho fundamental a no ser utilizados en ninguna forma o modo, incluso aunque al hacerlo se consiguiera supuestamente "reducir el sufrimiento".

El veganismo señala que el problema moral es el uso de animales en sí mismo, pero muchos animalistas siguen difundiendo que el problema estaría sólo en la manera concreta en que los utilizamos —en si les causamos mucho sufrimiento al usarlos para nuestros propósitos.

Podríamos conseguir que la gente deje de explotar animales difundiendo el veganismo. Sin embargo, promoviendo el bienestarismo perpetuamos la cosificación sobre los animales. La gente que deje de consumir animales por motivos bienestaristas volverá a consumirlos cuando crea que las condiciones de explotación hayan mejorado, que es exactamente lo que está sucediendo, tal y como indican las encuestas. La industria de explotación animal —en colaboración con los grupos bienestaristas— está emprendiendo una reforma a nivel global para "mejorar el bienestar de los animales" y así conseguir que la gente deje de preocuparse por "la crueldad" que padecen estos animales y pueda consumir productos de la explotación animal con la conciencia tranquila. Ruth Toledano ha aportado su grano de arena a ese objetivo; y no al de conseguir que los animales dejen de ser explotados.

Pienso que es irónico que algunos activistas aleguen en los debates que la gente no quiere escuchar el mensaje del veganismo cuando al mismo tiempo estos mismos activistas promueven a menudo criterios que sirven precisamente para poder ignorar ese mensaje apelando al bienestarismo.

Pienso que la gente en general adoptaría otra actitud diferente respecto del veganismo si todos los activistas diéramos un mensaje claro y explícito en favor del veganismo como principio moral y en contra de la explotación animal —en contra del bienestarismo. Comenzando por aquellos que dicen ser veganos pero que luego en su activismo apoyan más bien lo contrario de lo que el veganismo defiende.


16 de abril de 2017

Nuestras excusas para explotar animales


En un artículo de la revista Investigación & Ciencia titulado «La paradoja de comer carne», escrito por Marta Zaraska, se expone la paradoja de que la gran mayoría de la gente está de acuerdo en que no debemos hacer daño a los animales sin necesidad, o sin una razón suficiente que lo justifique, pero al mismo tiempo participan en actividades que implican dañar intencionadamente a los animales y que no se pueden excusar apelando a la necesidad ni tampoco se pueden justificar desde un criterio moral.

Para intentar explicar esta paradoja, Zaraska recurre al análisis psicológico, en concreto señala el fenómeno conocido como disonancia cognitiva:
«Las personas que comen animales pero que también los aman y no quieren hacerles daño experimentan disonancia cognitiva, un estado de tensión que se origina al mantener o actuar conforme a creencias mutuamente incompatibles. 
Aunque la solución más fácil para vencer la disonancia cognitiva sería cambiar de comportamiento, el vegetarianismo constituye una opción minoritaria. La mayoría de los amantes de los animales encuentran otros caminos para superar el dilema. 
Estrategias psicológicas como la evitación, la disociación y el cambio de conducta percibido permiten que muchas personas dejen atrás su angustia y coman carne.»
Un lector, llamado Dough Griffith, expuso un comentario de respuesta en la misma revista que decía así:
«La lectura del artículo «La paradoja de comer carne» [por Marta Zaraska, Mente y Cerebro n.o 81, 2016] me ha parecido bastante interesante, sobre todo la información relacionada con las técnicas que empleamos los carnívoros para reducir nuestro dilema cognitivo respecto a los animales que cuidamos en casa. Creo, sin embargo, que la autora ha omitido una estrategia que yo empleo. En concreto, se trata de plantearse que esos animales no estarían vivos si no fuera por los consumidores de productos cárnicos. Su vida y su carne se perderían si no nos los comiéramos. Por otra parte, está claro que la crianza y matanza de estos animales deben estar estrictamente reguladas, no solo para que su corta vida sea más confortable, sino también para proteger la salud de los humanos.»
Me pareció que podría ser esclarecedor exponer algunas observaciones al respecto de este comentario.

En primer lugar, Griffith dice que "esos animales no estarían vivos si no fuera por los consumidores de productos cárnicos. Su vida y su carne se perderían si no nos los comiéramos." Pero esto es exactamente lo mismo que argumentar que estaría bien criar a seres humanos para usarlos de comida porque si no los hubiéramos criado para esto entonces ellos no habrían existido en primer lugar. ¿Esto es un argumento razonable?

Si un determinado argumento no puede justificar el canibalismo entonces tampoco puede justificar el consumo de animales. La diferencia de especie no establece una diferencia más relevante moralmente que la diferencia de raza o de sexo. Decir que no vamos a aplicar el mismo criterio moral a otros individuos porque no pertenecen a la especie humana es análogo a decir que no vamos a aplicar el mismo criterio moral a otros individuos porque no pertenecen a la raza blanca o porque no pertenen al sexo masculino.

Los otros animales son seres conscientes con voluntad e intereses propios. Aunque no sean humanos, ellos tienen el mismo interés básico que tenemos nosotros en continuar existiendo y evitar el daño. ¿Por qué individualidad y sus intereses deberían ser discriminados por el simple hecho de ser de otra especie? No encontramos ningún argumento razonable que pueda justificar una discriminación moral.

En segundo lugar, Griffith afirma que "está claro que la crianza y matanza de estos animales deben estar estrictamente reguladas, no solo para que su corta vida sea más confortable, sino también para proteger la salud de los humanos." Pero este argumento ya parte de dar por supuesto que el uso de animales es moralmente aceptable en sí mismo. ¿Aceptaríamos que alguien propusiera regular el canibalismo para mejorar las condiciones en que son utilizados los humanos destinados al consumo alimenticio? Ya señalamos anteriormente que el uso de animales para comida no se puede intentar justificar sin al mismo tiempo hacer lo mismo con el canibalismo. Una supuesta mejora las condiciones en que hacemos algo malo no consigue que este mal se convierta en un bien.

En verdad, no necesitamos consumir animales para estar sanos, así que la necesidad no puede servir de excusa. No necesitamos consumir sustancias que procedan de otros animales para tener buena salud y calidad de vida. Esto significa que cualquier daño y sufrimiento que les causemos por este motivo resulta innecesario. Si estamos en contra de infligir daño innecesario a los animales entonces, por coherencia, deberíamos dejar de consumirlos.

Ocurre que desde la infancia nos inculcan la creencia de que los demás animales son "seres inferiores" que existen para servirnos de recursos. Cuando se nos cuestiona esta creencia entonces buscamos excusas para intentar convencernos de que nuestra actitud especista es necesaria y moralmente aceptable, aunque sin importarnos demasiado si esas excusas se ajustan la lógica y los hechos. Todos los argumentos esgrimidos hasta ahora para intentar justificar el uso de animales están basados en errores de lógica o en datos erróneos.

Como acertadamente señala Zaraska en su artículo, en lugar de razonar la mayoría de la gente prefiere racionalizar cuando se trata sobre la moralidad en el uso de animales.

Si defendemos el uso de animales no lo hacemos porque hayamos llegado a esta conclusión racionalmente, sino que primero fuimos educados para habituarnos a cosificar y consumir a los animales y sólo después intentamos justificar este hábito adquirido cuando alguien lo cuestiona.

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